El infierno de sal de Yibuti
En tiempos de reinos virtuales y lenguajes cibernéticos, aún es posible encontrar países donde perduran medios de vida intactos desde hace miles de años.
[Para ilustrar la siguiente entrada, las imágenes publicadas fueron gentilmente cedidas por el Dr. Tom Pfeiffer, con una fotogalería completa publicada en Volcano Discovery.]
Con sus 19 kilómetros de largo y 7 kilómetros de ancho, en el lago Assal, perdura una actividad económica realizada de un modo que muchos podríamos pensar extinta. El negocio de la extracción y el transporte de sal en la zona del cráter del lago Assal, en Yibuti, se realiza valiéndose de herramientas rudimentarias y formas de transportes tan legendarias como las caravanas de camellos.
Durante día y noche las caravanas atraviesan sin pausa el inhóspito desierto.
Internarse en la depresión del lago Assar, a 155 metros por debajo del nivel mar, pero en pleno continente africano, podría suponer un viaje a una versión terrestre del infierno.
Imagen en wikipedia
Escenario caluroso e inhóspito, el cráter está cubierto por uno de los cuerpos de agua de mayor salinidad del planeta. El agua brota de vertientes termales a temperaturas de entre 30 y 34ºC para evaporarse con rapidez, acumulando cantidades inagotables de sal.
Los extractores de sal del lago Assal, trabajan en un ambiente sofocante, con las herramientas rudimentarias, y en medio de un paisaje desértico donde la vida, en sus variantes de flora y fauna, ha preferido no dar el presente.
La sal es extraída a la vieja usanza, desglosando pequeños trozos que son cargados en las caravanas con rumbo a Etiopía y países vecinos.
La administración del comercio de sal está supervisada por el Shumbahari, o el jefe de la cuenca del lago. El Shumbahari asigna las caravanas y los cortadores de sal, en un número y tiempo de extracción limitado. La mayoría de los trabajadores son jóvenes, descendientes de generaciones de cortadores de sal.
Los bloques de sal, de unos 7 kilogramos son cargados en bloques de a 20 sobre los camellos. En pleno mediodía, y con unos 40º C de temperatura, los camellos deberán emprender el viaje de regreso, desvaneciéndose en la imagen del horizonte como un espejismo.
A pesar de las pésimas condiciones, y contrario a lo que podríamos imaginar, muchos trabajadores y cortadores de sal terminan la jornada de trabajo con una sonrisa en su rostro por poder llevar una mínima ganancia a sus hogares.
Fotos: Tom Pfeiffer / www.volcanodiscovery.com (excepto las especificadas)
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Que jodido esta el mundo para que haya gente que se tenga que ganar la vida de esta forma y aun encima vuelvan felices a casa con sus "ganancias"
ResponderEliminarcomo me gusta tu blog, te corrijo, no esta "a 155 metros por debajo del mar" esta por debajo del NIVEL del mar
ResponderEliminarme gustan muchos tus articulos
Anónimo 2: cierto y corregido. Gracias...
ResponderEliminarSi está jodido el mundo, si.
ResponderEliminarmuy jodido,si. y tenés en la otra punta a las multinacionales con sus infinitos millones de dólares, libras, euros y su afán de comprar la via lactea.
ResponderEliminarAyer precisamente en TVE hicieron un documental.
ResponderEliminarUnos 3 euros al día por realizar esta penosa tarea que por cierto es de las mejores pagadas de Etiopia.
Increíble :_O
ResponderEliminarjeje wow la organización del planeta es una ca**da :(
ResponderEliminarNada diferente al trabajo en las salians de cualquier pais
ResponderEliminarQue injusticia cuando hay algunos que lo tienen todo y no lo valoran, sinembargo estas personas con sonrisa, a pesar de su dura jornada vuelven a casa para volver a la misma labor.
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