30 julio 2009

El infierno de sal de Yibuti

En tiempos de reinos virtuales y lenguajes cibernéticos, aún es posible encontrar países donde perduran medios de vida intactos desde hace miles de años.

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[Para ilustrar la siguiente entrada, las imágenes publicadas fueron gentilmente cedidas por el Dr. Tom Pfeiffer, con una fotogalería completa publicada en Volcano Discovery.]

Con sus 19 kilómetros de largo y 7 kilómetros de ancho, en el lago Assal, perdura una actividad económica realizada de un modo que muchos podríamos pensar extinta. El negocio de la extracción y el transporte de sal en la zona del cráter del lago Assal, en Yibuti, se realiza valiéndose de herramientas rudimentarias y formas de transportes tan legendarias como las caravanas de camellos.

Durante día y noche las caravanas atraviesan sin pausa el inhóspito desierto.

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Internarse en la depresión del lago Assar, a 155 metros por debajo del nivel mar, pero en pleno continente africano, podría suponer un viaje a una versión terrestre del infierno.

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Imagen en wikipedia

Escenario caluroso e inhóspito, el cráter está cubierto por uno de los cuerpos de agua de mayor salinidad del planeta. El agua brota de vertientes termales a temperaturas de entre 30 y 34ºC para evaporarse con rapidez, acumulando cantidades inagotables de sal.

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Los extractores de sal del lago Assal, trabajan en un ambiente sofocante, con las herramientas rudimentarias, y en medio de un paisaje desértico donde la vida, en sus variantes de flora y fauna, ha preferido no dar el presente.

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La sal es extraída a la vieja usanza, desglosando pequeños trozos que son cargados en las caravanas con rumbo a Etiopía y países vecinos.

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La administración del comercio de sal está supervisada por el Shumbahari, o el jefe de la cuenca del lago. El Shumbahari asigna las caravanas y los cortadores de sal, en un número y tiempo de extracción limitado. La mayoría de los trabajadores son jóvenes, descendientes de generaciones de cortadores de sal.

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Los bloques de sal, de unos 7 kilogramos son cargados en bloques de a 20 sobre los camellos. En pleno mediodía, y con unos 40º C de temperatura, los camellos deberán emprender el viaje de regreso, desvaneciéndose en la imagen del horizonte como un espejismo.

A pesar de las pésimas condiciones, y contrario a lo que podríamos imaginar, muchos trabajadores y cortadores de sal terminan la jornada de trabajo con una sonrisa en su rostro por poder llevar una mínima ganancia a sus hogares.

Fotos: Tom Pfeiffer / www.volcanodiscovery.com (excepto las especificadas)

Información en 1, 2, 3

Relacionada en Visión Beta: Un pueblo devorado por la sal

10 comentarios:

  1. Que jodido esta el mundo para que haya gente que se tenga que ganar la vida de esta forma y aun encima vuelvan felices a casa con sus "ganancias"

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  2. como me gusta tu blog, te corrijo, no esta "a 155 metros por debajo del mar" esta por debajo del NIVEL del mar

    me gustan muchos tus articulos

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  3. Anónimo 2: cierto y corregido. Gracias...

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  4. Si está jodido el mundo, si.

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  5. muy jodido,si. y tenés en la otra punta a las multinacionales con sus infinitos millones de dólares, libras, euros y su afán de comprar la via lactea.

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  6. Ayer precisamente en TVE hicieron un documental.
    Unos 3 euros al día por realizar esta penosa tarea que por cierto es de las mejores pagadas de Etiopia.

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  7. jeje wow la organización del planeta es una ca**da :(

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  8. Nada diferente al trabajo en las salians de cualquier pais

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  9. Que injusticia cuando hay algunos que lo tienen todo y no lo valoran, sinembargo estas personas con sonrisa, a pesar de su dura jornada vuelven a casa para volver a la misma labor.

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