21 abril 2008

Las muertes más irónicas de la ciencia.

Aunque seguramente habrá más casos, a continuación desarrollo dos muertes de hombres de ciencia al borde de lo absurdo, en situaciones que como mínimo se destacan por su alto grado de ironía. En ambos casos, los involucrados son víctimas de sus propios inventos.


El médico que murió experimentando para alargar la vida.


Alexander Bogdanov murió irónicamente, víctima de su propio invento. Bogdanov tuvo desde su juventud una marcada participación política además de inquietudes como escritor y pensador desde principios del siglo pasado en Rusia. Pero fue su afición a la medicina lo que terminó consumiendo su atención. La posibilidad humana de rejuvenecimiento a través de transfusiones de sangre fue la línea de investigación a la que terminó irónicamente dedicando su vida.

Alexander Bogdanov estaba convencido de que las transfusiones de sangre podían alargar la vida y rejuvenecer el estado de salud de las personas. En 1924 comenzó los experimentos de transfusión de sangre en busca de la eterna juventud. Entre sus voluntarios pacientes contaba con la mismísima hermana de Lenin, María Ulianova, a quien realizó 11 transfusiones de sangre. Tras las sesiones de transfusión, María Ulianova experimentó síntomas positivos en su salud, por lo que su marido escribió haber notado que Bogdanov, quitó a su mujer unos diez años de encima. Para el intercambio de sangre, los pacientes fueron generalmente emparejado con alguien más joven y más sano. En realidad, la explicación de la aparente mejora en Ulianova y otros pacientes, podría haberse debido a otros factores, como la atención hospitalaria, mejora en la dieta, tiempo de ausencia al trabajo, sobre todo, teniendo en cuenta las duras condiciones de vida de entonces.

Sin embargo, el reconocimiento fue tal, que hacia 1926 Bogdanov fundó su propio Instituto para transfusiones de sangre, y luego de la muerte de Lenin, su cuerpo le fue encomendado para preservarlo, y en lo posible, posteriormente resucitarlo, aunque finalmente el plan fue descartado.

Alexander Bogdanov, creía en la experimentación como método para probar su teoría, aplicándola con un alto grado de ética profesional, consideraba que nunca realizaría a nadie un experimento al que no se animara a someterse el mismo. Bogdanov participaba activamente de sus pruebas con transfusiones.

Su muerte agrega un detalle cargado de ironía: se podría decir que fue víctima de sus propios experimentos, cuando como voluntario, recibió una transfusión de sangre de un estudiante que padecía paludismo y tuberculosis. Bogdanov murió en abril de 1928.


El inventor que murió estrangulado por su invento.

Al leer la biografía del inventor Thomas Midgley, uno de los detalles que más quedan grabados es que tuvo "la muerte más irónica de la ciencia". Thomas Midgley fue un ingeniero mecánico estadounidense, que terminó dedicándose a la química, y obteniendo más de 170 patentes. Sin embargo, no es recordado con laureles, si consideramos que fue el responsable de promover el adicionar plomo a la gasolina, con su consecuente y catastrófica contaminación en la atmósfera padecida por la humanidad por décadas.

Pero es su trágico final el que conlleva un alto grado de ironía: a los 51 años enferma de polio, por lo que queda inmovilizado en la cama. Decidido a idear un sistema de cuerdas y poleas para levantarse de la cama, lo pone en práctica hasta un fatídico día a sus 55 años, cuando se enreda con una de las cuerdas de su sistema hasta morir estrangulado.

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Nota: Ambos están incluidos en un listado de Wikipedia con algunos inventores que murieron usando sus inventos.

3 comentarios:

  1. Por un lado es triste que los inventos se revelen contra sus inventores, pero deberíamos tener en cuenta la cantidad de gente que habrá muerto por culpa de los inventos de otros que no tuvieron el valor de probarlos en ellos mismos primero.
    Bravo por el valor de probar de estos dos inventores, aunque sus inventos la verdad es que no estaban muy bien pensados desde el principio.

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  2. Exactamente lo que dice jaac. Gracias a la valentía de estos y supongo que más inventores y personas han conseguido salvar millones de vidas, aunque de todos es sabido, que el ser humano es muy capaz de caer en el mismo error 2 veces...

    Y poniéndome en su piel, creo que también lo probaría en mi, si fuese inventor. Si creo en algo y lo razono tanto que me doy cuenta de que no puede fallar y me atrevo a lanzarlo al gran público, no lo haría antes sin probarlo en mi. Así demostraría que realmente creo en ello y que no es peligroso. Si no, todos sabrán que me he equivocado, pero al menos no he arriesgado vidas que no tienen culpa.

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  3. Jaac / Mixigodo: ciertamente de los grandes fracasos, nacieron luego grandes descubrimiento. Me pareció importante destacar en el caso de Bogdanov el valor de afrontar sus propios experimentos, aún bajo el riesgo que finalmente terminó con su vida.

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