26 abril 2011

El alemán que remó siete años hasta llegar a Australia

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La frase “un viaje de mil millas comienza con un primer paso” (1), debería reformularse luego de conocer la travesía de Oscar Speck. Podría decirse que su viaje fue disparado por una enorme crisis económica, y comienza con un movimiento de brazos para remar, y no dejar de hacerlo por siete años.


imageOscar Speck fue el protagonista de una odisea orientada primero a buscar un trabajo, y luego, a conocer el mundo, desde Ulm, a orillas del Danubio, hasta Australia, atravesando ríos, mares, y océanos, abarcando una gran parte de nuestro planeta. Y todo el tiempo, expuesto a los caprichos del clima, los ríos, el mar, y la propia humanidad, utilizando como vehículo un frágil kayak plegable, una embarcación que precisamente, no estaba diseñada para mayores exigencias.

La travesía en solitario a lo largo de 55.000 kilómetros se pudo concretar gracias a un kayak, que en sus propias palabras, fue un “billete de primera clase a todas partes”. En el medio, no faltaron contratiempos para contradecir la “categoría del billete”, hasta arribar a un destino que en tiempos de guerra, tampoco fue el mejor final de viaje, aún a miles de kilómetros de la conflictiva Alemania de la que buscaba alejarse.

La historia comienza con un panorama de incertidumbre: la situación crítica de la economía alemana en el año 1932,  encuentra a Oskar Speck, dispuesto a hacer de la crisis una oportunidad. Siendo un contratista eléctrico, se queda sin trabajos que atender en plena depresión en la República de Weimar. La idea de emigrar hacia una posibilidad de trabajo en minas de cobre en Chipre, no resultaba descabellada. Aficionado al remo, y sin demasiado dinero, decide equipar un kayak plegable, y cargarlo en tren para llegar junto al Danubio en la costa de Ulm.

Oskar Speck decide partir sin despedirse de nadie, remando con rumbo al Mediterráneo dispuesto a afrontar lo que las variables del clima, la geografía y la propia humanidad le interpongan en su camino.
Su modesta intención, incluía además, el difundir la afición por los kayaks desmontables, (la versión moderna de los utilizados por los esquimales). Construidos en madera sólida y con un ingenioso diseño, no eran precisamente los adecuados para embarcarse en una travesía a mar abierto, algo que podría calificarse como una locura: el buen clima durante el viaje, y el saber orientar correctamente la proa para enfrentar las olas, eran una tarea clave para el éxito en la aventura. El riesgo era tanto, como para encontrar más amenazante una ola rompiente que una tormenta en medio del mar.

El kayak utilizado en la travesía de Oscar Speck, originalmente para dos personas, fue modificado para adaptarlo a su travesía. Medía unos 5,48 metros, y en él, transportaba una carga total de 294 kilos, entre los que contaba valiosos artilugios y reservas: una brújula, remos de repuesto, cartas marinas, contenedores herméticos donde llevar películas y cámaras, tanques de agua dulce a los costados, conservas de carne y sardinas, ropa, y una pistola que en lo posible, sería mejor no utilizar.

Speck, definía a su kayak como un “boleto de primera clase…”. Aunque en la práctica, el boleto podía requerir remar 16 horas sin parar, en medio de una envolvente monotonía, con hombros y brazos doloridos y el anhelo de dormir como si se tratara de un lujo esquivo y distante.

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El buen tiempo en la primer etapa del viaje, le permite a Speck ganar experiencia y habilidad para lo que le esperaba. Las reglas de navegación a respetar incluían, no alejarse en lo posible de la costa y siempre regresar a la costa por la noche para dormir. En caso de buen viento, disponía de una pequeña vela y siempre la asistencia de un timón operado con los pies.

En el Danubio, pudo sortear remolinos enormes capaces de pasar a mejor vida a cualquier remero. Sediento de aventura, se desvía por el río Vardar, nunca antes navegado, para atravesar rápidos que casi terminan con el kayak. Speck, describe su paso por la costa griega como lo mejor del viaje, remando en medio de un paisaje de ensueño.

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La idea de abandonar la meta de la mina de cobre en Chipre gana aceptación, y el objetivo se torna más ambicioso: concretar un viaje que pueda pasar a la historia para llegar a Australia. En el trayecto seguiría camino por el Éufrates, hasta llegar al golfo Pérsico. Y de allí, por el mar Arábigo, el golfo de Bengala, el mar de Andamán, y atravesando el estrecho de Malaca hasta arribar al mar de Java. Atrás quedarían historias de contactos hospitalarios, pero también, encuentros amenazantes con asesinos, ladrones y contrabandistas en playas desoladas en algunos países de Oriente Medio.

A partir de su paso por la India y Sri Lanka, las sucesivas pérdidas de su medio de transporte (deteriorado por el paso del tiempo) se ve saldada por el patrocinio de una empresa de kayaks, que le suministra los vehículos a utilizar con un envío al puerto más cercano.

Lo que sigue, no es ni de cerca un camino de flores. Tormentas abundantes, calor, y algunos encuentros poco (o nada) memorables con nativos y tiburones hasta llegar al mar de Flores y el mar de Banda en Indonesia.

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En una remota zona costera del sudeste de Asia, (en Lanko, Indonesia) Oskar Speck viviría una de sus peores experiencias en una aldea entre nativos que no entraron en la mejor sintonía con el visitante foráneo. Una especie de secuestro temporal, maltratos y golpes, se extienden hasta poder huir, y proseguir viaje un largo tiempo después de recuperarse de una lesión en el oído.

El último tramo, lo llevaría por las islas Kei, Nueva Guinea (donde se entera del estado de guerra entre Australia y Alemania), y el destino final a Saibai, la isla más septentrional de Australia.

Habían pasado siete años desde aquel primer impulso a fuerza de remo en el Danubio. Pero lo que parecía un buen final, se torna el comienzo de otra forma de pesadilla. Oskar Speck, es detenido en septiembre de 1939 en Australia por su origen alemán y por despertar sospechas de ser un agente espía, sobre todo al llegar a la costa con una pequeña bandera en la proa de su kayak con una cruz esvástica, un símbolo asociado con los movimientos nacionalistas alemanes y el nazismo. Nada más inapropiado.


El precio de la portación de esvástica en territorio enemigo, lo pagaría con un largo tiempo en prisión, que se extendería hasta el final de la guerra, encerrado en un campo de detención aliado en Tatura.
Durante su encierro, Oskar Speck se encargaría de entretener a sus compañeros de prisión con conversaciones acerca de sus hazañas en kayak. Su destino final de viaje, se convertiría de algún modo en“su lugar en el mundo” para el resto de su vida. Tras salir de prisión, Oskar Speck logra desarrollar una nueva máquina para procesar ópalo y otras piedras preciosas, con la que ganaría fortunas que le permitieron un buen pasar.

Speck muere en el año 1995, a los 88 años de edad.   Muchos de los equipos de la expedición en kayak fueron donados al Museo Nacional Marítimo de Australia, en Sydney, donde hoy se exhiben y sorprenden a los visitantes. La hazaña en kayak de Speck suele ser calificada como una de las aventuras acuáticas más notables que se registren.

Información en Riverbendnelligen / Incredible Journey 1 2 y 3 / El viaje de Oskar Speck en el Museo Nacional Marítimo de Australia
(1) Atribuida a la figura de Lao Tsé.

6 comentarios:

  1. Increible historia y mira que al final acabar detenido por una banderita... Gracias Matías por esta gran historia te sigo por feeds y tengo la mala costumbre de no entrar al blog a comentar pero me estoy quitando :-)

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  2. No, si es que los hay con ganas. Decía el refrán que "cuando a un tonto le da por andar o el camino se acaba o el tonto revienta" y es que a algunos se les mete cada cosa entre ceja y ceja que "pa qué"

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  3. FANTÁSTICA AVENTURA!!

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  4. Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.

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  5. Una historia apasionante, me ha encantado.

    Este hombre lo debió de pasar muy mal en su expedición hacia Australia, pero seguro que se sentía libre y con más ganas de vivir que nunca. Algo que nos hace falta a muchos.

    No descarto vivir una aventura parecida algún día

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