30 junio 2011

Un anillo de hadas de 600 metros de diámetro

Es curioso como los anillos de hadas, los hongos que en un proceso de pocos días crecen formando una circunferencia de varios metros (circunferencia que a veces parece casi perfecta), han despertado a lo largo del tiempo distintas interpretaciones en cuanto a su razón de ser, por cierto, bastante alejadas de la rigurosidad científica.

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Si hace varios siglos, explicar la aparición de un círculo de hongos o un crecimiento diferenciado de la vegetación en forma circular nos llevaba a la idea de una obra de seres mitológicos como hadas, elfos y duendes (que bailaban en ronda dejando su huella), en la actualidad (suele pasar cuando lo que abunda no es la información rigurosa) los círculos “enigmáticos” en la vegetación, son explicados a menudo como obra de seres extraterrestres, o como pruebas de un aterrizaje de una nave que proviene de otro planeta:  los anillos “pueden llegar a ser” huellas de una nave no impulsada por algún tipo de fuerza electromagnética, una explicación que sobrevive en pleno siglo XXI, y contra toda rigurosidad. Se me hace que para explicar fenómenos “extraños” en la época medieval eran menos sofisticados: la idea de una ronda de hadas bailarinas hasta resulta más ingenua aún, pero más tierna. 

Los anillos de hadas, con otras características, suelen aparecer en algunas zonas de África, y en grandes áreas de Europa de forma bastante usual: un parche estéril en el suelo, o un crecimiento irregular de la vegetación en forma de círculo son algunas de sus evidencias. En sus formas más llamativas, aparece como una circunferencia de setas en ronda que aparece como por arte de magia de la noche a la mañana. 

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Imagen en Wikipedia

El responsable, no es otro que un hongo (micelio), que se encuentran bajo tierra en forma de hilillos microscópicos que pueden extenderse hasta un metro de profundidad. El micelio es el verdadero cuerpo del hongo que en realidad no podemos ver en superficie. En su búsqueda de alimento bajo tierra, el micelio que produce los anillos de hadas se extiende en forma radial desde un punto de origen, a razón de unos 7 a 60 centímetros al año, una forma de vida que se expande agotando los nutrientes del suelo en forma circular. La expansión, dispara un proceso de transformación de los porcentajes disponibles de nutrientes de la tierra hasta su agotamiento. La extensión en forma radial, y el agotamiento de los nutrientes, queda en evidencia tanto por el crecimiento dispar de la hierba, como por el crecimiento de las setas en círculo en algún momento del año.

De hecho las setas son la parte reproductora del hongo que sale a luz en forma de “sombrerillos”, y sale precisamente, en el borde del terreno en donde los nutrientes todavía no fueron agotados. El ciclo en el que las setas dejan caer sus esporas se repite año a año dando lugar a la aparición de setas en algún momento del año.

Y aquí llegamos a la historia que da nombre al título de la entrada, un anillo de hada formado por el hongo Clitocybe geotropa, que al parecer, se ha expandido en un ciclo de varios siglos en Francia, para alcanzar un diámetro que supera los 600 metros de diámetro. En el mejor de los casos, como éste, han tenido la buena “fortuna” de crecer en un espacio sin obstrucciones, aunque ya no como un círculo perfecto, pero sí, formando una colonia gigante. Se calcula que una colonia de 70 metros de diámetro puede tener una edad de 400 años, toda una rareza. En la mayoría de los casos, los nutrientes del suelo se agotan antes de pasar los dos o tres años y el “mágico” anillo de hadas no vuelve a repetirse.

Más información sobre anillos de hadas en Marcianitosverdes

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22 junio 2011

La isla donde hay que llevar una máscara de gas de forma permanente

Dentro del grupo de las islas Izu, en Japón, se encuentra la isla de Miyakejima, administrada por el gobierno de Tokio y situada unos 180 kilómetros al sur de la ciudad. Con una población que no llega a los 3.000 habitantes, Miyake es una isla de apenas 55.50 km², que emerge sobre el mar como un cono volcánico activo que ha llevado a evacuar en más de una ocasión a la población por completo.

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Árboles muertos en la isla de Miyaki / Imagen Austin Keys

Incluso, luego de su última serie de erupciones en el año 2000, tomó cuatro años el rehabilitar la isla para permitir el retorno de sus residentes. La actividad eruptiva es tal, que desde 2005, el monte Oyama no se ha detenido en su emisión constante de dióxido de azufre, un gas irritante y tóxico.

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Imagen MonoprixGourmet

Por ello, los residentes de Miyakejima están obligados a portar de modo permanente una máscara de gas, aunque no deben utilizarla  de un modo constante. Los niños deben llevar consigo su máscara al asistir al colegio.

En la isla, un sistema de medición y alarmas alerta a la población en caso de necesitar utilizar las máscaras ante el aumento dramático de los niveles de azufre en el aire.

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Medición de gases sulfúricos.

El sistema de alerta, de cuatro niveles, se basa en las concentraciones de dióxido de azufre en las distintas zonas de la isla. En un nivel tres (el de color verde) se aconseja a los residentes utilizar las máscaras y permanecer en lugares cerrados, mientras que a un nivel cuatro, se exige evacuar la zona. El dispositivo de alerta tuvo que ser activado tan sólo una semana después de que los residentes retornaran a la isla en el año 2005.

Miyakejima es accesible por ferry durante la noche. saliendo desde Takeshiba Sanbashi Pier, cerca de Hamamatsucho, en Tokio o por helicóptero. Los vuelos de avión, suspendidos desde la última erupción, fueron reanudados en el año 2008 luego del descenso de los niveles de dióxido de azufre a niveles razonables.

A pesar del panorama y el aspecto nada alentador de la isla de Miyakejima, los turistas están habilitados a visitarla, atraídos sobre todo por los paisajes exuberantes y la posibilidad de bucear en un área llena de vida marina. Las máscaras de gas, están disponibles en la llegada a las tiendas turísticas de la isla, para llevarlas de recuerdo tras la visita, como un exótico suvenir. 

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